Saturday, February 16, 2013

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| ELENA SANTIAGO (*)


Me causa tristeza estar escribiendo estas líneas, pero me ha llevado a ello la dejadez total y absoluta del consistorio de Telde ante todos los ciudadanos que les legitimaron para tomar decisiones en su nombre. No he visto ni he vivido jamás tanta desidia junta en quienes han de gobernar para mejorar, y no empeorar, la situación de la ciudad.

Es sabido por todos, la situación económica por la que pasa, no sólo Telde, sino España y Europa entera. Eso no deber ser una excusa para fustigarnos cada día con políticas antisociales que merman cada vez más nuestras capacidades como país.

Pero vamos más allá, pongámosle cara al panorama actual, la cara de nuestros niños, nuestros hijos, nuestro futuro.

El objetivo de APEIT ha sido siempre hacerles visibles en el panorama de retos sin precedentes a los que nos enfrentamos, el papel de los derechos de la infancia debería estar presente en cada una de las reflexiones sobre qué queremos para nuestro país cuando ellos sean mayores y tengan que tomar decisiones.

Deberíamos llevar nuestras miradas más a largo plazo, ayudarlos a que esta crisis no les afecte de la forma en que lo está haciendo, porque lo que les ocurre a ellos, también nos perjudica a nosotros, al país entero.

Se reconoce por todos los Estados el derecho de los niños a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental y social, pero en Telde parece que no entienden dichos conceptos que son avalados por expertos en Educación de todas partes de Europa.

La Psicología educativa es reciente y las Ciencias de la Educación no han tenido oficialmente en cuenta al niño y la niña de cero a tres años hasta hace pocas décadas. Es por este motivo que, hasta ahora, los centros que acogían a niños y niñas entre 0 y 4 años tenían un carácter exclusivamente asistencial.

Las preguntas que deben estar en el trasfondo de toda consideración legislativa son: ¿qué hacemos con los niños y niñas? ¿En qué consideración los tenemos como ciudadanos y ciudadanas? Partiendo de que son seres con vida propia, es la persona adulta quien debe aprender a entenderles y darles las respuestas que constantemente solicitan. Tienen derecho a una educación digna desde el nacimiento.

De esta forma, es necesario pasar de una infancia de las necesidades, a una infancia de los derechos que, desde las actuaciones prácticas, no lleve a infravalorar los recursos y las potencialidades de los niños y niñas desde el momento del parto. Esta idea llama a una ética de la calidad de los servicios públicos para la infancia. Como dice Peter Moss, profesor catedrático de Atención para la Primera Infancia en el Instituto de la Universidad de Educación de Londres y ex coordinador de la Red de Atención para la infancia de la Comisión Europea: los gobiernos vigilan más la calidad de los detergentes que la calidad de las escuelas.

Son trascendentales los primeros años de vida y era necesario encontrar soluciones que escolarizaran a los niños y niñas, pero en situaciones dignas, en instituciones públicas de calidad como las que tenemos en Telde, donde siempre hemos creído en el valor de tener personas formadas, preparadas para el futuro que no viene nada fácil. Esa es la consideración que todos debemos tener en nuestras mentes, enseñarles a ser personas con capacidad de decisión y albergando siempre el respeto hacia los demás como premisa indiscutible para que también nos muestren respeto.

Analicen, valore y juzguen lo que hoy ocurre en nuestra ciudad, como ciudadanos es nuestra obligación y como personas es nuestro derecho. ¡Que no nos arrebaten nuestra dignidad!

(*) Secretaria de APEIT pero ante todo madre 

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