El concejal Hilario Rodríguez cumple su palabra dada a la familia de Antonio Cubillo y presenta una moción solicitándoles honores. La corriente Secundino Delgado es la autora del texto que se llevará a pleno.
Personalmente, entiendo que es indecente que un señor de CC, que lo único que ama y protege es su chiringuito familiar, se trate de llevar el reconocimiento del independentismo en Canarias. Yo, que no soy independentista en sentido estricto, amo más esta tierra que lo que lo hacen esta panda de vividores amparados en unos colores que no les corresponden por sus actos.
Antonio de León Cubillo Ferreira estuvo a punto de dar su vida siendo muy joven por sus ideas y por su lucha por la independencia de Canarias, pero la real, la verdadera, la del MPIAC, esa que se bate en la calle, luchando, movilizando a la gente, en la brega. Bajo la sangre derramada por Cubillo han surgido infinidad de salva-patrias que lo único que han hecho ha sido lanzar cantos de sirena que no escucha ni el más cercano de los canarios, para tratar de vivir del cuento a costa de un pueblo conquistado y colonizado, machacado por su lejanía de la metrópoli y utilizado hasta por el propio Franco para urdir su golpe de estado nacional.
Este Hilario lo único que ha hecho por su tierra es aprovecharse de ella para trepar hasta donde está, no moviendo un dedo sin permiso y visto bueno del "arcarde" Miguel Zerolo, imputado en varios casos de corrupción por apropiarse ilícitamente de dinero público para su disfrute particular y el de muchos de los zánganos que se le adosaron como moscas que acudieron a la miel (todo ello presuntamente, claro). Hilario luego se ha colgado la bandera del independentismo, las 7 estrellas verdes de Canarias. Si por independentismo entendemos colocar a toda la familia a dedo en cualquier empresa o ubicación pública donde haya chupadera pues apaga la luz y vámonos.
Canarias, 385 mil parados y su economía completamente destruida por las políticas de caciques que dirigen los destinos de nuestra tierra, donde el 80% de nuestro P.I.B. está en manos de tan sólo 25 familias, mientras esta población de unos dos millones de habitantes no es dueña ni de su propio destino y acostumbrada desde tiempos inmemoriales a los bocadillos de mortadela, es decir, migajas, sobras y cáscaras en una tierra rica en recursos.
Que vengan estos vividores a colgarse medallas da por culo.-
Vademécum

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