Había que hacerlo ya, sin demora. Después de muchas noches buscando una alternativa, sopesando los pros y los contras, debatiendo bajo la escasa luz que conseguía colarse a través de la persianas que protegían los escaparates tapados con papel de estraza, y hartos de soportar el aburrimiento que cada día aumentaba como el polvo que iba cayendo sobre ellos, encontrarían por fin esa noche el valor necesario para tomar la decisión más drástica: abandonar su casa. A fin de cuentas, eso era lo que habíamos hecho con ellos, abandonarlos.
Por eso, a la hora de las brujas y los misterios imposibles, si los habitantes del primer mundo no hubieran estado absortos, prisioneros en las cárceles de sus pantallas, habrían visto cómo bandadas de libros abiertos, miles, millones de libros, agitaban sus hojas y seguían la ruta de las aves buscando la tierra prometida donde todavía eran posibles la ilusión y la fantasía.
Cuentan que llegará un día en que advertiremos su ausencia y los llamaremos desesperadamente. Entonces volverán, y con ellos vendrá de nuevo la luz y el placer de descubrir la magia de las cosas de cada día.
Juan Rafael Lorenzo Pérez

0 comments:
Post a Comment