Se cumple la paradoja en el caso de la Ministra que nunca trabajó, que para una vez que se pone, no cumple con sus obligaciones más elementales. No sólo eso, sino que precisamente hace lo contrario de lo que su tarea principal le requiere: CREAR EMPLEO.
De todas las medidas que a tomado durante su mandato, ni una sola de ellas, ha ido encaminada a crear empleo, sino más bien al contrario, todas han sido orientadas a su propia destrucción, continuando así la política de recortes que inició el PSOE.
Dicen que de aquellos polvos estos lodos
Y es que Báñez, la ministra snob del Opus que nos ha tocado sufrir, tiene muchos recursos, entre ellos el de encomendarse a la Virgen del Rocío para que nos saque de la crisis. No obstante y, a pesar de tan efectivo trance, se estima que una gran parte de los parados del pasado mes, salen de la reformas estructurales (recortes en cristiano), que se han acometido en el sector de la dependencia, expulsando del mundo laboral a l@s cuidador@s del sector.
En este sentido, la señora ministra, lejos de reconocer sus fracasos en materia laboral, ha defendido las “importantes reformas” que ha llevado a cabo el Ejecutivo para afrontar la actual situación del mercado laboral español. Así, ha puesto en valor la reforma laboral “completa y equilibrada”, que a su juicio, está “ayudando a frenar la destrucción de empleo a través de la flexibilidad”. Desde Luz de Levante nos preguntamos, ¿por qué lo llaman flexibilidad cuando quieren decir trabajo basura?. Es increíble que sigan vendiéndonos esta moto cuando está más que demostrado que todas estas reformas han derivado en un comportamiento regresivo de la economía y una brutal contracción del mercado laboral al dejar el despido en un trámite prácticamente gratuito.
Según Báñez, la rigidez del mercado de trabajo “ha sido el caldo de cultivo” para que la vigente tasa de paro supere el 25% y “uno de cada dos jóvenes no tenga oportunidades en el país”. Si embargo, no culpa de la situación a la rigidez bancaria a la hora de retener todo el crédito para las empresas del país, ni se acuerda del caldo de cultivo que supuso la liberalización del suelo hace 15 años y que redundó en una burbuja inmobiliarias de dimensiones bíblicas.
Garibaldi

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