Wednesday, January 2, 2013

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Entramos en 2013, ese año en el que los peores augurios se preconizan por algunos como la consecuencia de actos de otros para tratar de justificar su absoluta inoperancia.

Este año subirá la luz, la gasolina, el gas, el teléfono. Mucha gente, desbordada ya por los recortes y las subidas de impuestos, el paro y la nula existencia de ingresos, no podrán hacer frente a estas subidas de servicios básicos ennegreciendo aún más sus vidas, enviándolas al abismo de la miseria y el sufrimiento, niños incluidos. Al gran capital eso no le importa, es más así los trata, !qué se jodan! -como alegó a voz tendida la hija del corrupto valenciano Fabra en el Congreso.

Los grandes oligarcas de las eléctricas y las petroleras no tienen ninguna compasión ya que su objetivo es atiborrarse de beneficios antes de que el barco de hunda. Y si se hunde también obtendrán beneficios cobrando por sus rescates y sus privilegios, sus ganancias a río revuelto. 

Año duro este que entra. Pero duro par los mismos y las mismas de siempre, los pobres. Esos pobres que tenemos la obligación, porque no hay otra opción, que buscar en nuestro rendimiento por el trabajo la única vía de escape para simplemente sobrevivir, y eso si es que se tiene al menos ese trabajo. Mientras, los ricos y sus secuaces viven a todo lujo, despilfarrando, obteniendo beneficios aún mayores en este país, desgravando en paraísos fiscales, desubicándose para no ser ubicados, llevándose su dinero y nuestros impuestos fuera del país para no ajustarse a lo que de ley es contribuir entre todos a los fondos públicos. Como ha hecho por ejemplo el multimillonario arquitecto y "patriota" Santiago Calatrava, entre otro muchos.

Vivimos en un país de chorizos (tal y como dijo José María Gay-Economista). Pero eso no es lo malo. Lo malo es que no queremos verlo, no reaccionamos y seguimos mirando para otro lado, por comodidad, por mezquindad, por ignorancia, por desidia y miedo. No hay reacción.


"La acción no debe ser una reacción sino una creación"
Mao Zedong (1893 - 1976)


Cuando una población reacciona no tiene por qué hacerlo única y exclusivamente de manera violenta. Aunque no descarto esa acción como respuesta. Las actitudes positivas en contra de la democracia se ganan la mayoría de la veces de manera pacífica, pero se debe castigar implacablemente al infractor. La ausencia de castigo lo hace tan impune como si no llegase a perpetrar su fechoría. Los bancos, las eléctricas, las petroleras y sobre todo esa casta política que se aposenta en medio como defensora suya, a su servicio, bajo sus órdenes...

En 11 meses Rajoy ha ejecutado 468 indultos. El delito por el que más se ha indultado es, de lejos, el de tráfico de drogas (193, el 41%). Le siguen los robos (59); las estafas, apropiaciones indebidas y falsedades (56); las lesiones (42); los atentados contra la autoridad (24); los hurtos (11); la prevaricación y otros delitos contra la Administración Pública (9); los delitos contra el medio ambiente (9); y los homicidios imprudentes o en grado de tentativa (7).

¿Por qué estos delitos son los más indultados y sobre todo a quiénes se indulta? Pues imaginen ustedes el motivo y los personajes a indultar. Los traficantes de droga suelen tener mucho capital y una relación estrecha con la policía. Los robos y las estafas, apropiaciones indebidas y falsedades son delitos cometidos por gente rica, empresarios y políticos. Y aunque Rajoy no supera en mucho a los indultos de Zapatero, sí que se detecta un viraje sobre los delitos a indultar y la pertenencia de los indultados por parte del Gobierno del partido Popular.

No hay diferencias significativas en función del color del partido en el poder. Todos indultan y ninguno da explicaciones ni argumenta las razones que han conducido a cada perdón. La ley que lo regula, de 1870, no les obliga a ello —fija, por el contrario, una facultad que se ejerce sin rendir cuentas a nadie— y tampoco lo hacen por iniciativa propia. La opacidad es total. Solo el Ejecutivo de turno sabe por qué perdona en unos casos y en otros no, y no hay forma de controlar esa decisión.

En palabras de  Gaspar Llamazares: “Un residuo del pasado con el que el Gobierno degrada la justicia convirtiéndola en dos: una para sus amigos, a los que exime de cumplir la ley; y otra para los demás, que sí están sometidos a los tribunales. El indulto debería desaparecer o quedar, en todo caso, como algo muy residual que se aplique en muy pocos casos, de manera argumentada y con un control externo”.



Vademécum.-

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