| VADEMéCUM (*) |
| De todos es conocida la teoría de la “autoincriminación”, es decir, aquella mediante la cual se persuade a los pavos para que estén a favor del “día de su propio sacrifico”. Ésta estrategia política es muy relevante en un país como el nuestro donde se hace creer a la gente que no existe ninguna otra alternativa que elegir la misma que les despoja de todos sus derechos porque las demás son aún peores, no les convienen o sencillamente no existen. Es el fundamento del bi-partidismo. ¿Cómo se consigue que los pavos voten a favor del “día de acción de gracias? Pues muy fácil. Si en el corral, por ejemplo, tenemos una proporción de 100 gallinas y 20 pavos, lo primero que hay que hacer es mezclarlos a todos y hacerles creer que tienen las mismas posibilidades de subsistencia, que son todos “iguales” y tienen los mismos derechos. Una vez mezclados, la técnica para lograr la autoincriminación es la de dotar al “pavo” de una serie de privilegios para que se sienta a gusto con su vida de encierro en el gallinero. Por ejemplo, otorgarle una buena atalaya para que observe cómodamente el corral, darle mejores alimentos y ofrecerles mejores y más variados productos (pre-cocinados, macro-bióticos, edulcorados, cómodamente colocados y estéticamente presentados), hacerle creer que es imprescindible para la vida del grupo, premiarlo cuando se porta bien, etc. Esto le hace pensar al pavo que no puede existir otra vida mejor que la suya dentro del corral y que todo se lo debe a sus magnánimos gobernantes, dígase “amos”. El hecho de tener una ocupación asalariada, por ejemplo, es gracias a sus amos; el tener una pensión de jubilación es gracias a sus amos; el tener una asistencia sanitaria pública y gratuita es gracias a sus amos; el tener un plus nominal es gracias a sus amos… pero claro, el “día de acción de gracias” llega siempre sin remedio. Los amos, homo homini lupus, se alimentan de ellos irremediablemente, sean pavos o gallinas. Estamos acostumbrados a ver pavos con todo el esplendor de su cola nupcial alzada para el celo y a punto de ser sacrificados por los misántropos de su propia especie. No obstante el pavo mantiene su actitud casi por instinto y negando la realidad de una manera irracional. La teoría de la “autoincriminación” trasladada a nuestras sociedades modernas es válida tanto en la economía como en la política ya que es un arma muy poderosa para la manipulación de las masas y obtener un rédito muy suculento del comportamiento humano. Lo podemos comprobar en la “fijación de los precios” donde los clientes llegan a pensar que las compañías cobran precios altos a aquellas personas que demuestran una predisposición a pagarlos. Otra táctica de “autoincriminación” es la de indultar a determinados pavos del sacrifico final y convertirlos en defensores a ultranza de los amos de la granja. Así nos encontramos con ciertos personajes subvencionados cuya labor consiste exclusivamente en extender la mentira de los dueños del corral por el gallinero, haciendo creer a las aves que los propietarios son “muy buenos” y caritativos porque quieren lo mejor para todos y actúan en defensa del “interés general”. Y así tenemos una granja de aves completamente controladas y a nuestra merced. Nuestra sociedad necesita la información precisa para poder salir del corral de los pavos y convertirse en una sociedad libre y democrática. Vivimos en un país “supuestamente democrático”, no en un corral de aves. Y para ello es necesario tener capacidad de crítica, libertad de decisión, libertad de determinación, una información veraz y no manipulada, libertad de participación y protesta, pero, sobre todo, consciencia y cultura democrática. Algo muy complicado en un País y en una Comunidad Autónoma donde la educación es un tremendo hándicap para las mayorías y donde el fracaso escolar está a la cabeza de Europa. Ni los amos del corral están dispuestos a desprenderse de sus prebendas y sus opíparas comelonas, ni los pavos están dispuestos a desprenderse de las suyas mientras estén en el corral. Es absolutamente escandaloso ver a las gentes en una sociedad como la nuestra mirar para otro lado o analizar como algo normal el reguero de corrupción y de actos políticos completamente antidemocráticos que forman parte de nuestra vida social. El hecho de que haya corruptos o políticos nefastos para el país no debe de sorprendernos porque forma parte de la erótica del poder. Lo que es realmente impresionante es contemplar cómo hay tantos y tantos pavos que votan a favor de su propio “día de acción de gracias” por esa incapacidad crítica a la que están siendo sometidos mediante el miedo, mediante la venta de humo económico y político, y mediante la teoría de la “autoincriminación”. Es realmente escandaloso que la ciudadanía no se movilice de una manera colectiva y mayoritaria ante los casos que está sufriendo por parte de sus representantes públicos. Se les recortan los salarios, se les congelan las pensiones, se les alarga el período de cotización, se les recorta la cuantía de la jubilación, se les despoja de sus propiedades y de sus derechos, se les detraen sus recursos y la manera de ganarse la vida, es decir, se les “esclaviza” o se les margina” y no pasa nada. Todo va bien. Un leve cabreo pero al final todos tragan porque piensan que ese es su destino, así es la vida del ave y todo ello es normal para su inferior condición. Las conductas corruptas, inmorales, antisociales, antipopulares y anti-democráticas que mantienen los políticos que nos representan no son sorprendentes. Lo verdaderamente sorprendente de una sociedad como la nuestra (que tanto alardea de demócrata) es que los “pavos” miren para otro lado como si el “día de su sacrificio” fuese algo irremediable y que forma parte de su propia existencia sin hacer nada por remediarlo. Desde luego, es muy relajante para nuestros gobernantes tener una granja de pavos “muy dispuestos” a alimentar a sus amos celebrando el día de Acción de Gracias. Y lo que es aún peor, teniendo la posibilidad de cambiar de “dueños”, siguen votando ciegamente por los mismos que los sacrifican constantemente por el “interés común” del corral. En las sociedades modernas ya no canta el gallo, ahora canta el “pavo real”. (*) Articulista |
Tuesday, January 8, 2013
Posted by Unknown |
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