En el lenguaje popular, el apelativo “tonto” suena a insulto y a un exabrupto peyorativo, como si de un padecimiento de cierta deficiencia mental se tratara. Pienso que a nadie le gusta ser tachado de tonto. Dicha acepción en su vertiente de anormalidad clínica está recogida en la Real Academia de la Lengua pero, en este artículo, asumiremos otra definición de ‘tonto’ como “falto o escaso de entendimiento o razón”. El filósofo alemán Kant expresó a este respecto: “Todo nuestro conocimiento arranca del sentido, pasa al entendimiento y termina en la razón”. Este insigne pensador fue el iniciador de la investigación de la estructura misma de la razón; una razón que, tras varios siglos, ha devenido en las actuales políticas neoliberales que anteponen las razones economicistas de una minoría de plutócratas sobre la humanidad. Dicho de otro modo, la racionalidad colectiva, teóricamente expresada mediante la democracia, ha sido secuestrada por el poder económico. Esa dictadura económica intenta hacernos pasar por tontos, entiéndase, faltos de entendimiento o razón para opinar y tomar decisiones sobre cuestiones trascendentales de nuestro devenir. Este artículo intenta evidenciar cómo es ejercida esa tomadura de pelo en nombre de la susodicha razón. Dicho de un modo más directo: ¡cómo nos quieren tomar por tontos!
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Cuando se carece de entendimiento sobre una cuestión, pongamos por caso que sobre conocimientos económicos y políticos, es perfectamente plausible que todo un pueblo pueda ser engañado, como dejé expresa constancia en mi artículo ¿Ha votado a Rajoy? Entone el mea culpa. La causa del engaño tiene una doble vertiente que puede ser objeto de análisis: por un lado, el que conscientemente engaña e incumple todas sus promesas electorales, pues su genuino interés no es una devoción al servicio del pueblo sino a la élite plutocrática y, con ello, podríamos afirmar que “nos toman por tontos”; y por otro lado, los engañados, precisamente por esa falta de entendimiento en cuestiones económicas y políticas, lo cual equivale a poseer cierta ignorancia en dicha materias. El filósofo griego Aristóteles nos dejó dicho que “el saber es poder”, cuya expresión antónima sería que “la ignorancia es esclavitud” (véase sobre esta cuestión mi artículo España, ¿un país de ignorantes?).
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De aquellos polvos, estos lodos. Nos siguen tomando por tontos, recordémoslo, en el sentido de una falta de entendimiento sobre cuestiones económicas y políticas. Es un precio que tenemos que pagar porque, efectivamente, somos tontos por haber dado el poder a un partido político que ha mentido y se sostiene sobre la mentira. Y no lo digo específicamente por el “Bárcenasgate”, sino por toda una retahíla de sucesos que más abajo detallaré y que demuestran que nos toman por tontos. Afortunadamente, son cada vez más las personas que están saliendo de la caverna platónica, y prueba de ello es el descalabro histórico del bipartidismo Partido Popular-Partido Socialista. Según la encuesta de Metroscopia, la suma en la intención de votos de ambos partidos ha caído en algo más del cuarenta y siete por ciento, mientras que la suma de Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia está subiendo y se encuentra próximo a alcanzar el treinta por ciento. Si a ese treinta por ciento le sumamos todas las demás fuerzas opuestas al bipartidismo, la conclusión es que España se aproxima a una convulsión política nunca vista desde la Transición. ¿Se puede interpretar con ello que el
pueblo está saliendo de la ignorancia al cambiar su orientación política? Tengo serias dudas al respecto: los que nos toman por tontos van a intentar seguir manipulándonos; por otro lado, queda un ingente trabajo por hacer para que la conciencia colectiva deje de ser una clase en sí y devenga en una clase para sí en términos de conciencia de clase según Marx, de modo que se pueda plantar cara a la cleptocracia ejercida desde la Troika. Es decir, los plutócratas que se aferran al poder intentarán seguir tomándonos por tontos. Veamos a continuación algunos ejemplos de ello.
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Primer ejemplo. Tras responder a varias preguntas sobre el caso Bárcenas, la directora general de la Agencia Tributaria, Beatriz Viana, reconoció tras ser pillada a micrófono abierto que ni siquiera sabía qué había contestado y que podría ser “cualquier barbaridad”. Además, uno de los cargos que la acompañaba se prestó rápidamente a indicarle la salida y evitar así más preguntas de los periodistas. Es una tomadura de pelo a la inteligencia de los españoles desde tan alta instancia del Estado. ¡Nos toman por tontos!
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Segundo ejemplo. La ministra de Educación de Alemania, Annette Schavan, presentó su dimisión al ser despojada de su doctorado por un presunto plagio. Aquí, en España, los mafiosos de la Gürtel le regalaron cincuenta mil euros a la pareja Mato-Sepúlveda en concepto de viajes, artículos de lujo y eventos familiares. Vaya usted a saber a cambio de qué, porque a pesar de las pruebas, la ministra Mato se niega a dimitir y Sepúlveda hasta sólo unos días atrás seguía en nómina del Partido Popular, a pesar de estar imputado en dicho caso Gürtel. Vaya, en el asunto de las dimisiones, igualito que en Alemania… ¡Nos toman por tontos!
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Tercer ejemplo. Más de un millón de personas han firmado en tan solo una semana a través de la plataforma Change.org para “la dimisión inmediata” del Gobierno de Rajoy tras el escándalo del “Bárcenasgate”. Esta iniciativa surgida del pueblo no ha gustado nada al Partido Popular, que ha cargado contra dicha web tachándola de fraude, sin caer en la cuenta que el propio Partido Popular utilizó dicha plataforma en Conil de la Frontera y en Elche. Cuando los vientos no le son favorables, cargan contra todo y contra todos. ¡Nos toman por tontos!
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Cuarto ejemplo. Esperanza Aguirre reclama “una regeneración democrática” y advierte de que se puede contar con ella. Alguien que no se considere excesivamente tonto puede llegar a la conclusión de que su súbita dimisión al frente de la Comunidad de Madrid fue una maquiavélica estrategia para esquivar el problema de la privatización de la sanidad y quién sabe si para mover el sillón a Rajoy tras el estallido del caso Bárcenas. Llamativas son sus numerosas salidas en los medios exigiendo dicha regeneración democrática a la vez que espetaba un “caiga quien caiga” en alusión al Partido Popular por el caso Bárcenas, postulándose así como el revulsivo reformador tras el previsible hundimiento que se avecina en su formación política. ¿A quién quiere engañar Esperanza Aguirre? ¡A todos los tontos que la crean, seguro!
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Quinto ejemplo. El presidente de la patronal, Juan Rosell, descalificó al Instituto Nacional de Estadística (INE) y a la Encuesta de Población Activa (EPA), desafiando así la opinión unánime de expertos economistas que consideran a dicha EPA como la mejor radiografía del mercado español. Juan Rosell atacó también a los funcionarios públicos en alusión a que, según él, sobran trescientos o cuatrocientos mil de ellos y sería mejor pagarles un subsidio a que estén en la Administración. Su antecesor en el cargo, Gerardo Díaz Ferrán, ya nos dejó otra perla similar: “Para salir de la crisis hay que trabajar más y cobrar menos”. Todo aquel que haya creído dichas palabras se le habrá quedado la cara de tonto al ver que los huesos de Díaz Ferrán han recalado en una cárcel por alzamiento de bienes y blanqueo de dinero. Y más recientemente, el número dos de la patronal, Arturo Fernández, ha salido a la palestra por pagar sueldos en B. El que no corre, vuela: entre Diáz Ferrán, Rosell y Fernández, no creo que la patronal sea la mejor indicada para darnos consejos, salvo, claro está, para sus propios intereses al servicio de la élite económica. Puede que seamos algo tontos, ¡pero que no nos tomen por más tontos aún!
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Sexto ejemplo. El Tribunal de Cuentas es una carísima institución que cuesta cincuenta y tres millones de euros anuales a los españoles. Una de sus funciones es controlar las cuentas de las instituciones públicas y los partidos políticos. Pero, ¡sorpresa!, la elección de los consejeros se realiza así: seis de ellos son elegidos por el Congreso de los Diputados, mientras que los otros seis son elegidos por el Senado, y todos ellos promovidos por el PP y el PSOE, todo un mecanismo para colocar a los afines de ambos partidos. Una de las funciones del Tribunal de Cuentas es fiscalizar las campañas electorales de los mismos partidos que ponen a dedo los consejeros de esta institución: es a todas luces una institución politizada. Como no podía ser de otra manera para los intereses del bipartidismo, las cuentas llevan cinco años de retraso en la elaboración de sus informes. ¡Otra vez nos toman por tontos!
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Séptimo ejemplo. Finalmente, Adelson saca adelante su proyecto de Eurovegas. Pero lo hace con el beneplácito de los políticos de turno, dispuestos a cambiar las leyes soberanas del pueblo para favorecer la prostitución, el juego y las mafias. ¡Es el colmo en cómo nos toman por tontos!
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Octavo ejemplo. “No he dormido nada; no pregunten demasiado y concreten las preguntas”, ordenaba el Presidente del Gobierno a los periodistas que cubrían la cumbre del Consejo Europeo en Bruselas. Se le olvida a Rajoy que el pueblo es su jefe y que nos debe explicaciones. ¿Se imagina, amigo lector, ir a su trabajo y soltarle ese comentario a su jefe? ¡Rajoy hace ya tiempo que, con sus silencios, nos toma por tontos!
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Noveno ejemplo. El jefe de los hombres de negro, Mario Draghi, se ha reunido a puerta cerrada en el Congreso de los Diputados: sin luz y taquígrafos, sin transparencia y con inhibidores de frecuencias para inhabilitar cualquier medio de transmisión electrónica. Se ríen de nosotros y de la democracia, sin tapujo alguno. ¡Nos toman descaradamente por tontos! No obstante, trascendió que el diputado Alberto Garzón supo cantarle las cuarenta a Draghi. Auguro que este joven economista tiene un futuro prometedor en la política y que sería un excelente Presidente del Gobierno: ¡no todos somos tontos!
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Décimo ejemplo. Por si acaso la gente despierta de su tontería y se vuelve un poco revolucionaria, los capos de la mafia neoliberal instalados en el Parlamento Europeo ya se encargan de controlarnos social y mentalmente: planean invertir dos millones de euros en una campaña para silenciar las voces que en las redes sociales hablen en su contra. Pretenden formar al personal interno en el periodo previo a las elecciones de 2014. Entrenarán al personal para que navegue en la red, busque información en Facebook, Twitter y otros medios de comunicación social y “corrija” las malas interpretaciones que pueden existir sobre la Unión Europea. ¡Desde la Troika también nos toman por tontos!
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A estas alturas de la crisis, hasta el más tonto ha podido rendirse a la evidencia de que padecemos una dictadura económica con una corrupción institucionalizada, lo cual denota de que no vivimos en una democracia sino en una cleptocracia alentada por un bipartidismo que tiene politizada a la justicia. Y sin justicia social y la convivencia resquebrajada, están surgiendo voces demandando a gritos la desobediencia civil. Si en tan repetidas ocasiones nos toman por tontos, habrá que preguntarnos si somos realmente tontos, entiéndase una vez más, faltos de entendimiento o de razón. Afortunadamente, los mal considerados tontos están organizándose en la defensa de sus derechos. El ejemplo más emblemático de dicha lucha es la realizada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, magníficamente representada por su portavoz Ada Colau. Dicha plataforma ha reunido un millón cuatrocientas mil firmas para presentar una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) sobre la dación en pago con efecto retroactivo. Sin embargo, el Gobierno de Rajoy ha tomado insistentemente por tontos a los promotores de esta iniciativa popular al negar una y otra vez su aprobación en el Congreso. Pero los crecientes suicidios y, sobre todo, la presión social, les han hecho cambiar de actitud y aprobar la admisión a trámite de dicha ILP. Pero cuidado: puede ser una simple estrategia para, otra vez, tomarnos por tontos, pues habrá que estar atentos en qué términos se va a legislar esa ILP.
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Después de tantos ejemplos, ¿se ha llegado a esta situación porque somos tontos de verdad, nos toman por tontos o ambas cosas a la vez? Siempre hay tontos que sucumben al timo del tocomocho. Pero con la crisis de deuda se puede afirmar que hemos sido millones las personas, incluso pueblos enteros, los que hemos mordido el anzuelo del engaño. La caída ha sido fuerte, muy fuerte. En esta tesitura nos hallamos: perplejos, atónitos, desorientados, convulsionados, indignados e injustamente empobrecidos; todavía nos preguntamos: ¿qué hemos hecho para merecer esto?, ¿será que hemos vivido faltos de entendimiento y de razón?, ¿somos tontos de verdad? ¡Cada vez menos! Sea fruto de la desesperación o del creciente entendimiento que nos aleja de la ignorancia, las personas estamos cada vez más hastiadas e indignadas. Esa desesperación ha llegado hasta la puerta de la Moncloa: una mujer desahuciada, tras superar el primer control, pidió hablar con el mismísimo Mariano Rajoy. Los policías tuvieron que emplearse a fondo para reducirla; incluso fue sedada. Es un mero ejemplo de que el estallido social está más cerca que nunca. Los españoles estamos en los límites de la indignación: hasta los más tontos tienen una capacidad límite de aguante; hasta los más tontos se dan cuenta que el sistema económico se desmorona; hasta los más tontos se rinden a la evidencia de que el bipartidismo político es un engaño que impide la verdadera democracia participativa; hasta los más tontos han caído en la cuenta que están expoliando los recursos públicos mediante una generalizada corrupción; hasta los más tontos, sobre todo los engañados por las preferentes, saben que los bancos son los principales responsables de las desgracias del pueblo. Y la guinda del pastel recae en la monarquía, que también está salpicada por la corrupción.
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El país se halla ante una dimensión catastrófica. ¿Por culpa de los tontos? Puede ser que la ignorancia tenga algo de culpa pero, ética y políticamente, la culpa recae en aquellos que nos han tomado por tontos: la casta política en general, salvo algunas excepciones en particular, por ser cómplices y súbditos de la élite financiera. No basta con que los supuestos tontos del pueblo llano salgan de la caverna de la ignorancia: es urgente que las fuerzas de la izquierda y los diversos movimientos reivindicativos se articulen en una fuerza homogénea para traducir sus exigencias en un poder real alternativo a los que nos toman por tontos. Y no será un camino fácil, pues no faltarán intentos para seguir tomándonos por tontos, como el de Esperanza Aguirre para pescar en río revuelto, o como el de la Troika para intentar imponer un tecnócrata como se hizo en Grecia e Italia. Estamos pagando con sangre, sudor y lágrimas este consciente despertar de la tontería: debemos ser capaces de transformar dicho sufrimiento en un proceso autopoiético de la conciencia colectiva. Si fallamos en dicho intento, habrá que reconocer, entonces, que los tontos seguiremos siendo tontos y los que nos toman por tontos se seguirán riendo de nosotros. El 23-F puede ser una oportunidad más para medir la fuerza de los tontos, quizá ya no tan tontos, contra los que nos toman por tales.
Amador Martos
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Cuando se carece de entendimiento sobre una cuestión, pongamos por caso que sobre conocimientos económicos y políticos, es perfectamente plausible que todo un pueblo pueda ser engañado, como dejé expresa constancia en mi artículo ¿Ha votado a Rajoy? Entone el mea culpa. La causa del engaño tiene una doble vertiente que puede ser objeto de análisis: por un lado, el que conscientemente engaña e incumple todas sus promesas electorales, pues su genuino interés no es una devoción al servicio del pueblo sino a la élite plutocrática y, con ello, podríamos afirmar que “nos toman por tontos”; y por otro lado, los engañados, precisamente por esa falta de entendimiento en cuestiones económicas y políticas, lo cual equivale a poseer cierta ignorancia en dicha materias. El filósofo griego Aristóteles nos dejó dicho que “el saber es poder”, cuya expresión antónima sería que “la ignorancia es esclavitud” (véase sobre esta cuestión mi artículo España, ¿un país de ignorantes?).
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De aquellos polvos, estos lodos. Nos siguen tomando por tontos, recordémoslo, en el sentido de una falta de entendimiento sobre cuestiones económicas y políticas. Es un precio que tenemos que pagar porque, efectivamente, somos tontos por haber dado el poder a un partido político que ha mentido y se sostiene sobre la mentira. Y no lo digo específicamente por el “Bárcenasgate”, sino por toda una retahíla de sucesos que más abajo detallaré y que demuestran que nos toman por tontos. Afortunadamente, son cada vez más las personas que están saliendo de la caverna platónica, y prueba de ello es el descalabro histórico del bipartidismo Partido Popular-Partido Socialista. Según la encuesta de Metroscopia, la suma en la intención de votos de ambos partidos ha caído en algo más del cuarenta y siete por ciento, mientras que la suma de Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia está subiendo y se encuentra próximo a alcanzar el treinta por ciento. Si a ese treinta por ciento le sumamos todas las demás fuerzas opuestas al bipartidismo, la conclusión es que España se aproxima a una convulsión política nunca vista desde la Transición. ¿Se puede interpretar con ello que el
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Primer ejemplo. Tras responder a varias preguntas sobre el caso Bárcenas, la directora general de la Agencia Tributaria, Beatriz Viana, reconoció tras ser pillada a micrófono abierto que ni siquiera sabía qué había contestado y que podría ser “cualquier barbaridad”. Además, uno de los cargos que la acompañaba se prestó rápidamente a indicarle la salida y evitar así más preguntas de los periodistas. Es una tomadura de pelo a la inteligencia de los españoles desde tan alta instancia del Estado. ¡Nos toman por tontos!
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Segundo ejemplo. La ministra de Educación de Alemania, Annette Schavan, presentó su dimisión al ser despojada de su doctorado por un presunto plagio. Aquí, en España, los mafiosos de la Gürtel le regalaron cincuenta mil euros a la pareja Mato-Sepúlveda en concepto de viajes, artículos de lujo y eventos familiares. Vaya usted a saber a cambio de qué, porque a pesar de las pruebas, la ministra Mato se niega a dimitir y Sepúlveda hasta sólo unos días atrás seguía en nómina del Partido Popular, a pesar de estar imputado en dicho caso Gürtel. Vaya, en el asunto de las dimisiones, igualito que en Alemania… ¡Nos toman por tontos!
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Tercer ejemplo. Más de un millón de personas han firmado en tan solo una semana a través de la plataforma Change.org para “la dimisión inmediata” del Gobierno de Rajoy tras el escándalo del “Bárcenasgate”. Esta iniciativa surgida del pueblo no ha gustado nada al Partido Popular, que ha cargado contra dicha web tachándola de fraude, sin caer en la cuenta que el propio Partido Popular utilizó dicha plataforma en Conil de la Frontera y en Elche. Cuando los vientos no le son favorables, cargan contra todo y contra todos. ¡Nos toman por tontos!
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Cuarto ejemplo. Esperanza Aguirre reclama “una regeneración democrática” y advierte de que se puede contar con ella. Alguien que no se considere excesivamente tonto puede llegar a la conclusión de que su súbita dimisión al frente de la Comunidad de Madrid fue una maquiavélica estrategia para esquivar el problema de la privatización de la sanidad y quién sabe si para mover el sillón a Rajoy tras el estallido del caso Bárcenas. Llamativas son sus numerosas salidas en los medios exigiendo dicha regeneración democrática a la vez que espetaba un “caiga quien caiga” en alusión al Partido Popular por el caso Bárcenas, postulándose así como el revulsivo reformador tras el previsible hundimiento que se avecina en su formación política. ¿A quién quiere engañar Esperanza Aguirre? ¡A todos los tontos que la crean, seguro!
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Quinto ejemplo. El presidente de la patronal, Juan Rosell, descalificó al Instituto Nacional de Estadística (INE) y a la Encuesta de Población Activa (EPA), desafiando así la opinión unánime de expertos economistas que consideran a dicha EPA como la mejor radiografía del mercado español. Juan Rosell atacó también a los funcionarios públicos en alusión a que, según él, sobran trescientos o cuatrocientos mil de ellos y sería mejor pagarles un subsidio a que estén en la Administración. Su antecesor en el cargo, Gerardo Díaz Ferrán, ya nos dejó otra perla similar: “Para salir de la crisis hay que trabajar más y cobrar menos”. Todo aquel que haya creído dichas palabras se le habrá quedado la cara de tonto al ver que los huesos de Díaz Ferrán han recalado en una cárcel por alzamiento de bienes y blanqueo de dinero. Y más recientemente, el número dos de la patronal, Arturo Fernández, ha salido a la palestra por pagar sueldos en B. El que no corre, vuela: entre Diáz Ferrán, Rosell y Fernández, no creo que la patronal sea la mejor indicada para darnos consejos, salvo, claro está, para sus propios intereses al servicio de la élite económica. Puede que seamos algo tontos, ¡pero que no nos tomen por más tontos aún!
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Sexto ejemplo. El Tribunal de Cuentas es una carísima institución que cuesta cincuenta y tres millones de euros anuales a los españoles. Una de sus funciones es controlar las cuentas de las instituciones públicas y los partidos políticos. Pero, ¡sorpresa!, la elección de los consejeros se realiza así: seis de ellos son elegidos por el Congreso de los Diputados, mientras que los otros seis son elegidos por el Senado, y todos ellos promovidos por el PP y el PSOE, todo un mecanismo para colocar a los afines de ambos partidos. Una de las funciones del Tribunal de Cuentas es fiscalizar las campañas electorales de los mismos partidos que ponen a dedo los consejeros de esta institución: es a todas luces una institución politizada. Como no podía ser de otra manera para los intereses del bipartidismo, las cuentas llevan cinco años de retraso en la elaboración de sus informes. ¡Otra vez nos toman por tontos!
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Séptimo ejemplo. Finalmente, Adelson saca adelante su proyecto de Eurovegas. Pero lo hace con el beneplácito de los políticos de turno, dispuestos a cambiar las leyes soberanas del pueblo para favorecer la prostitución, el juego y las mafias. ¡Es el colmo en cómo nos toman por tontos!
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Octavo ejemplo. “No he dormido nada; no pregunten demasiado y concreten las preguntas”, ordenaba el Presidente del Gobierno a los periodistas que cubrían la cumbre del Consejo Europeo en Bruselas. Se le olvida a Rajoy que el pueblo es su jefe y que nos debe explicaciones. ¿Se imagina, amigo lector, ir a su trabajo y soltarle ese comentario a su jefe? ¡Rajoy hace ya tiempo que, con sus silencios, nos toma por tontos!
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Noveno ejemplo. El jefe de los hombres de negro, Mario Draghi, se ha reunido a puerta cerrada en el Congreso de los Diputados: sin luz y taquígrafos, sin transparencia y con inhibidores de frecuencias para inhabilitar cualquier medio de transmisión electrónica. Se ríen de nosotros y de la democracia, sin tapujo alguno. ¡Nos toman descaradamente por tontos! No obstante, trascendió que el diputado Alberto Garzón supo cantarle las cuarenta a Draghi. Auguro que este joven economista tiene un futuro prometedor en la política y que sería un excelente Presidente del Gobierno: ¡no todos somos tontos!
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Décimo ejemplo. Por si acaso la gente despierta de su tontería y se vuelve un poco revolucionaria, los capos de la mafia neoliberal instalados en el Parlamento Europeo ya se encargan de controlarnos social y mentalmente: planean invertir dos millones de euros en una campaña para silenciar las voces que en las redes sociales hablen en su contra. Pretenden formar al personal interno en el periodo previo a las elecciones de 2014. Entrenarán al personal para que navegue en la red, busque información en Facebook, Twitter y otros medios de comunicación social y “corrija” las malas interpretaciones que pueden existir sobre la Unión Europea. ¡Desde la Troika también nos toman por tontos!
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A estas alturas de la crisis, hasta el más tonto ha podido rendirse a la evidencia de que padecemos una dictadura económica con una corrupción institucionalizada, lo cual denota de que no vivimos en una democracia sino en una cleptocracia alentada por un bipartidismo que tiene politizada a la justicia. Y sin justicia social y la convivencia resquebrajada, están surgiendo voces demandando a gritos la desobediencia civil. Si en tan repetidas ocasiones nos toman por tontos, habrá que preguntarnos si somos realmente tontos, entiéndase una vez más, faltos de entendimiento o de razón. Afortunadamente, los mal considerados tontos están organizándose en la defensa de sus derechos. El ejemplo más emblemático de dicha lucha es la realizada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, magníficamente representada por su portavoz Ada Colau. Dicha plataforma ha reunido un millón cuatrocientas mil firmas para presentar una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) sobre la dación en pago con efecto retroactivo. Sin embargo, el Gobierno de Rajoy ha tomado insistentemente por tontos a los promotores de esta iniciativa popular al negar una y otra vez su aprobación en el Congreso. Pero los crecientes suicidios y, sobre todo, la presión social, les han hecho cambiar de actitud y aprobar la admisión a trámite de dicha ILP. Pero cuidado: puede ser una simple estrategia para, otra vez, tomarnos por tontos, pues habrá que estar atentos en qué términos se va a legislar esa ILP.
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Después de tantos ejemplos, ¿se ha llegado a esta situación porque somos tontos de verdad, nos toman por tontos o ambas cosas a la vez? Siempre hay tontos que sucumben al timo del tocomocho. Pero con la crisis de deuda se puede afirmar que hemos sido millones las personas, incluso pueblos enteros, los que hemos mordido el anzuelo del engaño. La caída ha sido fuerte, muy fuerte. En esta tesitura nos hallamos: perplejos, atónitos, desorientados, convulsionados, indignados e injustamente empobrecidos; todavía nos preguntamos: ¿qué hemos hecho para merecer esto?, ¿será que hemos vivido faltos de entendimiento y de razón?, ¿somos tontos de verdad? ¡Cada vez menos! Sea fruto de la desesperación o del creciente entendimiento que nos aleja de la ignorancia, las personas estamos cada vez más hastiadas e indignadas. Esa desesperación ha llegado hasta la puerta de la Moncloa: una mujer desahuciada, tras superar el primer control, pidió hablar con el mismísimo Mariano Rajoy. Los policías tuvieron que emplearse a fondo para reducirla; incluso fue sedada. Es un mero ejemplo de que el estallido social está más cerca que nunca. Los españoles estamos en los límites de la indignación: hasta los más tontos tienen una capacidad límite de aguante; hasta los más tontos se dan cuenta que el sistema económico se desmorona; hasta los más tontos se rinden a la evidencia de que el bipartidismo político es un engaño que impide la verdadera democracia participativa; hasta los más tontos han caído en la cuenta que están expoliando los recursos públicos mediante una generalizada corrupción; hasta los más tontos, sobre todo los engañados por las preferentes, saben que los bancos son los principales responsables de las desgracias del pueblo. Y la guinda del pastel recae en la monarquía, que también está salpicada por la corrupción.
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El país se halla ante una dimensión catastrófica. ¿Por culpa de los tontos? Puede ser que la ignorancia tenga algo de culpa pero, ética y políticamente, la culpa recae en aquellos que nos han tomado por tontos: la casta política en general, salvo algunas excepciones en particular, por ser cómplices y súbditos de la élite financiera. No basta con que los supuestos tontos del pueblo llano salgan de la caverna de la ignorancia: es urgente que las fuerzas de la izquierda y los diversos movimientos reivindicativos se articulen en una fuerza homogénea para traducir sus exigencias en un poder real alternativo a los que nos toman por tontos. Y no será un camino fácil, pues no faltarán intentos para seguir tomándonos por tontos, como el de Esperanza Aguirre para pescar en río revuelto, o como el de la Troika para intentar imponer un tecnócrata como se hizo en Grecia e Italia. Estamos pagando con sangre, sudor y lágrimas este consciente despertar de la tontería: debemos ser capaces de transformar dicho sufrimiento en un proceso autopoiético de la conciencia colectiva. Si fallamos en dicho intento, habrá que reconocer, entonces, que los tontos seguiremos siendo tontos y los que nos toman por tontos se seguirán riendo de nosotros. El 23-F puede ser una oportunidad más para medir la fuerza de los tontos, quizá ya no tan tontos, contra los que nos toman por tales.
Amador Martos
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