Agustín de Hipona, uno de los padres de la Iglesia, lo dejó bien clarito: “Video meliora proboque deteriora sequor”, lo que en román paladín significa: “Veo lo mejor y lo apruebo, pero elijo lo peor”, en lo que podría ser el principio fundacional de la hipocresía…o de la autoindulgencia. Ejemplos de incoherencia entre el comportamiento ideal y el real no faltan: el obispo que condena la promiscuidad pero es incapaz de refrenar su libido; el político que clama austeridad en un cóctel de cava y marisco; el representante de los empresarios experto en hundir empresas…
¿Por qué los poderosos son tan proclives a decir una cosa y hacer la contraria?, ¿qué mecanismos psicológicos llevan a que veamos la paja en el ojo de los demás pero ignoremos la viga en el nuestro? Un equipo de psicólogos holandeses y norteamericanos se propuso desvelar si es cierto que el poder genera hipocresía. La conclusión, que apareció en 2010 en un número de la revista “Psychological Science”, es afirmativa: a medida que acumulan poder, las personas son más proclives a hacer juicios morales más estrictos sobre los actos de los demás y más laxos sobre los propios.
Dado que los que manejan de verdad los hilos no suelen prestarse como sujetos para este tipo de experimentos, los estudiosos Galinksy y Kaplan asignaron varios roles de poder variopinto a un grupo de sujetos, por ejemplo primeros ministros, empresarios y pueblo llano. A continuación se les planteó una serie de dilemas morales relacionados con infringir normas de tráfico, declarar impuestos o devolver una bici robada.
En una serie de cinco experimentos, los investigadores determinaron cómo el poder creciente genera hipocresía en los participantes. Así, en uno de los experimentos, los participantes más poderosos condenaron la mentira en los demás, cuando ellos mismos eran los más mentirosos. Ante la posibilidad de hacer trampas para ganar en un sorteo de lotería (que se jugaba sin testigos), los poderosos tendían a aprovecharse más de su posición que los ciudadanos comunes.
Sin embargo, el estudio demostró que la gente que no se siente personalmente legitimada con su posición tiene a ser en realidad más severa consigo mismas que con los demás, un fenómeno que los estudiosos han etiquetado como “hipercresía”. Según Galinsky: “Al final los patrones de hipocresía e hipercresía perpetúan la desigualdad social. Los poderosos imponen reglas y restricciones sobre los demás, mientras ignoran esas normas para sí mismos, en tanto los que carecen de poder reproducen la desigualdad porque no se creen merecedores de los mismos derechos”.
Los autores del estudio reconocieron la intencionalidad política del estudio, en tanto desde 2009 se ha brindado de “un vasto muestrario de hipocresía entre políticos y empresarios”, según Adam Galinsky, en referencia a la clase dominante de EEUU, pero extrapolable a la del resto del mundo.
Visto en Science Daily.
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